
En ese momento comprendí: Lucía no solo me dejó bienes, me dejó una misión.
En los días siguientes, presentamos denuncias y pruebas. El escándalo se difundió.
Álvaro alegaba inocencia, pero la verdad estaba documentada. La otra mujer desapareció. Se inició un proceso legal, lento quizás, pero ya no ciego.
Convertí la casa de Lucía en un pequeño refugio para mujeres que escapaban de la violencia.