
Uno de los momentos más delicados del día para bañarse es durante la madrugada o muy temprano en la mañana. En ese horario, el organismo aún se encuentra en un estado de reposo profundo. La presión arterial suele ser más baja y el sistema cardiovascular todavía no está completamente activado. Exponerse en ese contexto a un cambio repentino de temperatura, especialmente al contacto con el agua, puede generar mareos, sensación de debilidad o incluso desvanecimientos.
Además, en las primeras horas del día la temperatura ambiente suele ser más baja. El contraste entre el cuerpo tibio y el agua fría puede provocar una contracción de los vasos sanguíneos, lo que dificulta una adecuada circulación. En personas mayores, este tipo de reacción puede desencadenar una caída brusca de la presión, aumentando el riesgo de pérdida de equilibrio. A esta edad, una caída en el baño no es un evento menor y puede tener consecuencias importantes.