Eran poco más de las diez de la mañana cuando el agua perforó una de las paredes de su vivienda, ubicada en el número 418 de la avenida México. La corriente ingresó con tal fuerza que superó el metro y medio de altura.
“Los niños tuvieron que salir por la azotea. Están bien, pero nos quedamos sin nada. Necesitamos manos, ayuda, lo que sea”.
Mientras hablaba, Edna no dejaba de remover lodo. Las camas, la ropa, los aparatos eléctricos, todo quedó inutilizable. La familia, integrada por adultos y menores de edad, duerme ahora en casa del abuelo. A la intemperie, bajo la incertidumbre de qué pasará mañana.
