La historia bíblica sugiere que el verdadero peligro para cualquier nación no es la falta de poder, sino el orgullo que surge cuando ese poder se considera absoluto. A lo largo de los siglos, los imperios han cambiado de nombre y de fronteras, pero la lección permanece: cuando el poder reemplaza la humildad y la reverencia, comienza un proceso que tarde o temprano conduce al declive.
Una interpretación bíblica sobre Irán que muchas personas pasan por alto.