Y el mundo se detuvo.
La sangre en el colchón
Las sábanas blancas estaban empapadas de un rojo oscuro.
El palo se le resbaló de la mano.
—Dios mío… ¿qué es esto? —su voz temblaba.
Mia yacía inconsciente.
Tenía el rostro pálido. Los labios agrietados. El sudor le perlaba la frente a pesar del frío de la habitación. Su respiración era superficial, apenas perceptible.
—¡Mia! ¡Despierta! —la señora Reyes la sacudió.
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