El ambiente en el que se vive también influye. El aire seco favorece que la mucosidad se espese y se adhiera a la garganta. Por eso, mantener una buena humedad ambiental, especialmente durante la noche, puede marcar una gran diferencia. Dormir en un ambiente demasiado seco suele empeorar la congestión matinal. Elevar ligeramente la cabeza al dormir también ayuda a evitar que la flema se acumule en la garganta.
La actividad física moderada y los ejercicios de respiración profunda favorecen la movilización de secreciones. Incluso caminar o moverse con regularidad ayuda a que el sistema respiratorio funcione mejor y elimine el exceso de moco. La tos controlada, realizada de forma consciente y sin forzar la garganta, también es una herramienta natural para expulsar la flema.
Existen remedios caseros populares que muchas personas utilizan para aliviar esta molestia. La mezcla de miel con limón en agua tibia es una de las más conocidas, ya que la miel suaviza la garganta y el limón aporta propiedades que ayudan a despejar las vías respiratorias. Estos métodos no son mágicos, pero pueden complementar otros hábitos saludables.
Es importante prestar atención a las señales de alerta. Si la flema es persistente durante semanas, cambia notablemente de color, aparece acompañada de fiebre o dificultad para respirar, lo más recomendable es consultar con un profesional de la salud. En esos casos, puede existir una infección, una alergia no controlada u otro problema que requiera evaluación médica.