Su origen puede estar relacionado con múltiples factores, entre ellos la proliferación de microorganismos como hongos dermatofitos o levaduras, la falta de una adecuada higiene personal, el uso de ropa ajustada o poco transpirable, el exceso de humedad, niveles altos de estrés que debilitan el sistema inmunológico o la presencia de virus y bacterias que, en ocasiones, resultan más complejas de eliminar.