
Todo comenzó en 2018, durante una jornada aparentemente normal. David y Bruna, como cualquier pareja, pasaban una tarde tranquila viendo televisión cuando de repente Bruna sufrió una serie de convulsiones provocadas por un paro cardiorrespiratorio. El joven relató en una entrevista que su esposa perdió los signos vitales en cuestión de minutos. Lograron llevarla al hospital donde, tras 25 minutos de maniobras, lograron reanimarla. Sin embargo, el tiempo prolongado sin oxígeno dejó secuelas permanentes en su cerebro.
El diagnóstico fue devastador: Bruna quedó con daño neurológico severo y en estado vegetativo, lo que significa que, aunque mantiene funciones básicas como la respiración, no tiene plena conciencia de su entorno. Tras casi dos años internada, fue dada de alta y David asumió por completo su cuidado en casa. Desde entonces, su vida cambió por completo.