Su móvil sonó. Era Miguel Santos, su exabogado, pero ahora la voz al otro lado del teléfono sonaba distante, profesionalmente cortés. Damián, tengo noticias sobre el apartamento de la diagonal. El propietario ha decidido no renovar el contrato.
Al parecer se enteró de que se usaba para fines no comerciales. ¿Cómo se enteró? Recibió una llamada anónima con información muy detallada sobre las actividades que se desarrollaban allí. Alguien le envió incluso fotografías.
Damián no necesitaba preguntar quién había hecho esa llamada. Cristina estaba cerrando meticulosamente todos los frentes, cortando una a una las conexiones con su vida pasada. ¿Hay algo más? Sí. Los proveedores de la obra de Sarria han empezado a preguntarme por los pagos.
Al parecer hay facturas pendientes de aprobación que necesitan tu visto bueno. Perdón, el visto bueno de Cristina. Damián cerró los ojos. Incluso sus antiguos contactos profesionales habían comenzado a tratarlo como un intermediario, no como el decisor que creía ser.
Miguel, ¿puedo hacerte una pregunta personal? Claro. ¿Tú sabías que yo no era el propietario de la empresa? Un silencio incómodo se extendió por la línea telefónica. Damián, en el mundo empresarial hay señales.
El hecho de que todos los contratos bancarios estuvieran a nombre de Cristina, que las hipotecas de los locales comerciales fueran suyas, que incluso el seguro de responsabilidad civil estuviera a su nombre.
Son detalles que uno nota cuando lleva años en esto. ¿Y por qué nunca me dijiste nada? porque asumí que era una estrategia fiscal o que simplemente preferíais mantenerlo así por razones personales.
No es raro en matrimonios jóvenes donde uno de los cónyuges tiene mejor historial crediticio. Damián colgó sin despedirse. Todo el mundo lo había sabido, menos él. Había estado viviendo en una burbuja de autoengaño durante años, creyéndose el protagonista de una historia donde era apenas un actor secundario.
Oficina de reformas hurtado. 14 toos de la tarde. La oficina en la calle Montaner olía a pintura fresca y a nuevos comienzos. Cristina había decidido remodelar el espacio transformándolo de la cueva masculina que Damián había creado en un ambiente más profesional y acogedor.
Las paredes ahora eran color marfil con detalles en verde salvia y había plantas en macetas de terracota que daban vida al ambiente. Damián llegó de la reunión con los arquitectos del proyecto de gracia, llevando bajo el brazo una carpeta con los planos modificados.
encontró a Cristina sentada detrás del escritorio principal, revisando facturas mientras su vientre, ya de 9 meses, descansaba sobre la mesa. “Los planos están aprobados”, dijo dejando la carpeta frente a ella, pero han pedido dos modificaciones estructurales que van a incrementar el presupuesto en unos 8000 € Cristina alzó la vista.
Su rostro había perdido la palidez de los primeros meses de embarazo y ahora irradiaba una energía tranquila pero determinada. ¿Son modificaciones necesarias o sugerencias? Necesarias. Problemas con las tuberías originales que no aparecían en los planos antiguos.
Aprobadas, firmó la autorización sin dudar. Algo más. Damián se sentó en la silla frente al escritorio, la misma silla donde antes se sentaban los clientes cuando él era el jefe.
Ahora se sentía como un empleado en la oficina del director. Cristina, necesito hablar contigo. Te escucho. No puedo seguir viviendo en Pedralves. Con mi nuevo salario es imposible mantener ese apartamento.
Cristina dejó los papeles y le prestó atención completa. ¿Has encontrado algo más económico? Hay un apartamento en No Barris, dos habitaciones, 700 € al mes. Está cerca del metro, pero pero está en un barrio que bueno que no es exactamente donde imaginé que viviría a los 36 años.
Por primera vez en semanas Cristina mostró algo parecido a la compasión. Damián, yo crecí en New Barris. Mi madre sigue viviendo allí. No es el fin del mundo. Lo sé, lo sé.
No quería decir que fuera un mal barrio, solo que se pasó las manos por el pelo. Es difícil aceptar que tu vida va hacia atrás en lugar de hacia adelante.
¿Sabes cuál es la diferencia entre ir hacia atrás y empezar de nuevo? Damián negó con la cabeza. Cuando vas hacia atrás, miras constantemente lo que has perdido. Cuando empiezas de nuevo, miras lo que puedes construir.
Se quedaron en silencio unos minutos mientras Cristina volvía a revisar las facturas y Damián observaba por la ventana. En la calle, la vida barcelonesa continuaba su ritmo habitual. Madres empujando carritos, ancianos jugando petanca en el parque, adolescentes riéndose a la salida del instituto.
Cristina, ¿puedo preguntarte algo? Adelante. ¿Por qué no me odias? Después de todo lo que te hice, todo lo que os hice a ti y al bebé, ¿por qué no me odias?
Cristina se recostó en la silla, acariciando su vientre con movimientos circulares. Al principio sí te odiaba. Cuando encontré las primeras facturas del apartamento, cuando vi los extractos bancarios, cuando me di cuenta de la magnitud de las mentiras.
Sí, te odié. Hizo una pausa. Pero odiar es agotador, Damián, y yo necesitaba toda mi energía para criar a este niño y reconstruir mi vida. ¿Y ahora qué sientes? Ahora siento pena.
Pena por el hombre que creí que eras. Pena por el tiempo que perdimos. Y pena por Ruth, que se enamoró de una ilusión y ahora está pagando el precio de su propia ambición.
¿Has sabido algo de ella? Elena me comentó que había intentado contactar con la empresa para aclarar malentendidos financieros. Al parecer, cree que puede negociar algún tipo de compensación por los daños emocionales del divorcio.
Damián se estremeció. Incluso después de abandonarlo, Ru seguía intentando obtener beneficio económico de la situación. ¿Vas a hablar con ella? No hay nada que hablar. Ru tomó sus decisiones con los ojos bien abiertos.
Ahora tiene que vivir con las consecuencias, igual que tú, igual que yo. En ese momento, Cristina hizo un gesto de dolor y se llevó las manos al vientre. ¿Estás bien?
El bebé está inquieto hoy. Últimamente se mueve mucho, como si estuviera impaciente por salir. Sonrió a medias. El médico dice que puede ser cualquier día de estos. Damián sintió una mezcla extraña de emoción y terror.
Su hijo estaba a punto de nacer y él sería padre por primera vez, pero sería padre como un hombre divorciado, en deuda, viviendo en un apartamento de 700 € en No Barris.
¿Has pensado en nombres? Diego. Se va a llamar Diego por alguna razón especial. Cristina lo miró directamente a los ojos. porque significa el que sigue su camino. Y quiero que nuestro hijo sepa desde pequeño que sin importar los errores que cometan sus padres, él siempre puede elegir su propio camino.
Damián asintió lentamente, comprendiendo que el nombre era también un mensaje para él, una lección sobre segundas oportunidades y la posibilidad de redención. Cristina, cuando nazca Diego, podré estar presente en su vida.
Podré ser el padre que él se merece. Eso depende de ti, Damián, de la clase de hombre que elijas ser a partir de ahora. Se puso de pie con cuidado.
El pasado ya está escrito, pero el futuro, el futuro todavía está en blanco. Mientras Damián recogía sus cosas para irse, Cristina le entregó un sobre color azul celeste. ¿Qué es esto?
La dirección del apartamento que he alquilado para ti en No Barris. He pagado el depósito y los primeros dos meses, considéralo, una inversión en el futuro de Diego. Damián abrió el sobre y encontró las llaves junto con un contrato de alquiler.
¿Por qué haces esto? Porque un niño necesita un padre estable y un padre no puede ser estableendo en sofás o viviendo en la calle. Cuando Damián salió de la oficina, caminó por la calle Montaner con los ojos húmedos y una sensación extraña en el pecho.