Después, el huevo en formación sigue hacia el istmo, donde se forman las membranas internas y externas que protegen el contenido. Finalmente, llega al útero o glándula de la cáscara, donde se deposita el calcio necesario para formar la cáscara dura. Esta etapa es la más larga, tomando entre 18 y 20 horas.
El último paso ocurre en la cloaca, donde el huevo completamente formado es expulsado al exterior. Sorprendentemente, las gallinas pueden poner un huevo casi cada día gracias a la eficiencia de este proceso.
Este mecanismo natural no solo es asombroso desde el punto de vista biológico, sino que también representa un equilibrio perfecto entre nutrición, protección y evolución. La cáscara protege, la clara alimenta y la yema contiene el embrión potencial.
Así que la próxima vez que veas un huevo en tu plato, recuerda que no es solo un alimento: es el resultado de un proceso biológico meticuloso y sorprendente. Un verdadero milagro de la naturaleza… ¡dentro de una cáscara!