Como ya hemos mencionado, este aditivo alimentario se utiliza en muchos productos alimenticios populares, incluyendo salchichas, perritos calientes, patatas fritas, sopas preparadas, conservas, cerveza y muchos más. La dosis diaria permitida para adultos es de 1,5 gramos, y para los niños menos de la mitad de un gramo.
Fue descubierto por primera vez en 1907 en Japón por el científico Ikeda Kikunae, quien encontró que la sustancia mejoraba el sabor de los alimentos, sobre todo el sabor y el aroma de los productos enlatados, las comida rápida y los congelados.
Este aditivo alimentario común ha ganado mucha popularidad en los últimos años. A pesar de que mejora el sabor y el aroma de los productos alimenticios, el glutamato de sodio también trae consigo numerosos efectos secundarios.
Por un lado, afecta a los receptores de la lengua haciendo la comida más sabrosa de lo que realmente es. Es por eso que hace que las personas sean adictas a alimentos procesados como patatas fritas, dulces, platos preparados y otros.
Entre los efectos más comunes del GMS se encuentran dolor torácico, sudoración, náuseas, fatiga, entumecimiento de boca y garganta, palpitaciones cardíacas, sensación de ardor en cuello o antebrazos, dificultad para respirar, inflamación de la garganta, ansiedad e inclusive deseo de continuar comiendo el producto. Todo ello es también conocido como el “síndrome del restaurante chino”.