A diferencia de lo que se pensaba hasta ahora, el envejecimiento no sigue una curva suave y predecible. Apenas un 6,6% de las moléculas analizadas mostraron un cambio lineal con el paso del tiempo. En cambio, más del 80% de los indicadores biológicos evaluados mostraron alteraciones no lineales, lo que sugiere que el envejecimiento ocurre en olas de intensidad y no de forma progresiva constante.
La primera gran ola se detecta a los 44 años, cuando comienzan a notarse cambios importantes en el metabolismo de lípidos, en la forma en que el cuerpo procesa el alcohol y en la capacidad para remodelar las lipoproteínas, fundamentales para la salud cardiovascular. También se evidencian modificaciones estructurales en tejidos como la piel y los músculos, lo que podría explicar el inicio de síntomas asociados con el envejecimiento físico en esta etapa de la vida.
La segunda ola crítica aparece alrededor de los 60 años, momento en que el sistema inmunológico muestra un descenso marcado en su eficacia. Además, se identifican disfunciones en los riñones, disminuye la capacidad antioxidante del cuerpo y aumentan los niveles de inflamación sistémica, un proceso asociado a múltiples enfermedades crónicas, incluyendo diabetes tipo 2, trastornos cardiovasculares y neurodegenerativos.