Una de las revelaciones más importantes del estudio es que estos cambios no están condicionados por el sexo de la persona, ni por factores hormonales como la menopausia. Tanto hombres como mujeres experimentan estas mismas etapas de aceleración biológica, lo que indica que se trata de un patrón universal del envejecimiento humano.
Los investigadores también relacionaron estas «crestas» con el desarrollo de diversas enfermedades, al observar cómo ciertos marcadores vinculados con trastornos hepáticos, resistencia a la insulina y daño oxidativo aumentaban significativamente en estas edades. Específicamente, a los 44 años se observa un mayor riesgo de sufrir afecciones metabólicas y estructurales, mientras que a los 60, las alteraciones inmunológicas y renales se convierten en el principal desafío para la salud.