Mientras tanto, yo recuperé mi vida. Mis ahorros intactos, mi crédito seguro, compré la casa por la que había ahorrado y acepté un ascenso en el trabajo.
Por primera vez, era libre: financieramente, emocionalmente y legalmente.
No solo sobreviví a su traición; prosperé. El karma se presentó en forma de ley y justicia, y finalmente vivía la vida según mis propias reglas.