La B12 es vital para mantener en buen estado el sistema nervioso y ayudar en la producción de glóbulos rojos. Ella cuenta que, junto a la vitamina D, fue una de las mejores decisiones que tomó para su salud, porque siente que su mente está tan despierta como cuando tenía 50 años.
3. Vitamina C: el escudo natural del cuerpo
La vitamina C es una vieja conocida, pero ella asegura que no falta nunca en su dieta. A diario toma su dosis en forma de suplemento, aunque también procura consumir frutas ricas en esta vitamina, como naranjas, guayabas, fresas y kiwi.
Según explica, más allá de reforzar el sistema inmunológico, la vitamina C la ayuda a mantener la piel más firme y luminosa. A los 87 años, no tiene la piel de una veinteañera, pero sí un cutis saludable y bien cuidado. “No se trata de borrar las arrugas, sino de sentirte bien en tu propia piel”, dice entre risas.
También comenta que desde que la toma de manera regular, las gripes y resfriados prácticamente desaparecieron. Y eso no es poca cosa, porque a su edad el sistema inmunitario suele volverse más débil. Su secreto es sencillo: constancia. Todos los días, sin excusas, toma su vitamina C como parte de su desayuno.
4. Vitamina E: el toque de juventud que protege desde adentro
La cuarta vitamina que no falta en su vida es la E, conocida por su poder antioxidante. Esta vitamina ayuda a combatir los radicales libres que aceleran el envejecimiento celular y protegen tanto la piel como los órganos internos.
Ella empezó a tomarla no por estética, sino porque le explicaron que también cuida el corazón y la circulación. A los pocos meses notó que su piel estaba más suave, sus uñas más fuertes y su cabello más brillante. Pero lo que más le entusiasma es que siente que su cuerpo “funciona mejor”.
“Ya no me duelen tanto las articulaciones y siento las piernas más ligeras”, dice. De hecho, suele recomendar a otras personas mayores que hablen con su médico sobre esta vitamina, ya que, según su experiencia, mejora la calidad de vida de una manera que se nota en el día a día.
Más allá de las vitaminas: una vida con propósito
Aunque las vitaminas son una parte fundamental de su bienestar, esta mujer insiste en que lo más importante es mantener la mente activa y el corazón agradecido. Ella empieza cada mañana con una sonrisa, un vaso de agua, y una pequeña oración. Luego toma sus vitaminas, desayuna con frutas y pan integral, y sale a caminar mientras saluda a los vecinos.
Dice que mantenerse en movimiento y conectada con otras personas la hace sentir viva. Además, disfruta cocinar para su familia, leer y cuidar sus plantas, lo que considera su terapia personal. “No se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor”, repite con convicción.