—¿Usted… usted estuvo en Vietnam?
James asintió lentamente.
—Sí. Del 69 al 71.
Sentí un frío recorrer mi espalda.
—¿Hamburger Hill? ¿Mayo del 69?
James se congeló. Su cuerpo se puso rígido, como si acabara de escuchar el sonido de un mortero. Me miró fijamente, ya no como un criminal a un policía, sino de hombre a hombre.
—Sí… yo estuve ahí.
Mis ojos se llenaron de lágrimas. Rompí el protocolo. Rompí mi postura.
—Mi padre también estuvo ahí —susurré con la voz ahogada—. Especialista David Johnson. Muerto en acción. 20 de mayo de 1969. Dong Ap Bia. Hamburger Hill.
El rostro de James palideció. Abrió la boca, pero no salió sonido. Sus ojos se llenaron de agua.
—¿David…? ¿David Johnson?
—Sí… ¿Lo conoció?
James empezó a temblar más fuerte que yo.
—Dios mío… —susurró—. ¿Tú eres el bebé? ¿Tú eres Marcus?
El mundo se me vino encima.
¿Cómo sabía mi nombre?
—Sí, soy Marcus.
James cerró los ojos y dos lágrimas enormes rodaron por sus mejillas sucias.
—Yo estaba con él, hijo.
Yo estaba a su lado cuando murió.
Pero lo que me contó después…
nadie en esa corte lo olvidará jamás.
Parte 2 …

James abrió los ojos con dificultad, como si cada recuerdo pesara toneladas. Sus manos temblaban. Por un momento olvidó que estaba en una sala de tribunal, frente a un juez, fiscales y abogados. Solo me miraba a mí.
—Yo estaba con él… —repitió en voz baja—. Tu padre era mi mejor amigo allí.
Sentí que el aire se me escapaba del pecho.
—¿Mi padre…? —pregunté—. ¿Usted lo conocía de verdad?
James asintió lentamente.
—Nos llamaban los “dos texanos”, aunque ninguno de los dos era de Texas —dijo con una sonrisa triste—. Él hablaba de su esposa todos los días… de tu madre. Y del bebé que venía en camino. Tú.