Entonces todo salió a la luz: mi madre había encontrado la pulsera después, pero nunca admitió su error. La reputación de Martha quedó destruida.
Claire no había aceptado el matrimonio por dinero.
Quería saber si aquel niño solitario al que su madre había cuidado se había convertido en un buen hombre… o en alguien como sus padres.
Al día siguiente, nos enfrentamos a mis padres en el club.
Revelé la injusticia que habían cometido contra Martha y, por primera vez, me atreví a plantarles cara. Renuncié a su dinero y a sus expectativas.
Más tarde, mientras Claire y yo caminábamos de regreso a casa, me dio una galleta hecha con la receta de su madre.
En ese instante comprendí algo que Martha siempre había sabido: el amor no estaba en la riqueza de mis padres, sino en la bondad de las personas a las que ellos despreciaban.