Si hoy estamos aquí es porque una mujer con las manos llenas de cicatrices eligió la compasión cuando podía haber elegido el orgullo. Cuando salió del recinto, los rayos del sol iluminaban la entrada del comedor. Sobre la madera grabadas a mano, estaban las palabras que Rosa mandó tallar el día que todo comenzó. Las puertas que se abren son más fuertes que las que se cierran. Clara miró al cielo y por primera vez no se sintió sola. Y recuerda, suscríbete si crees que una madre nunca debería ser olvidada. ¿Cuántos seremos los que aún creemos en la gratitud?
Su Hija La Echó… Pero Ella Escondía 1,7 Millones De Dólares…