Después del funeral de mi hijo, no le conté a mi nuera sobre la segunda casa que él me dejó. Y me…

He cumplido la promesa de proteger a Valeria y lo seguiré haciendo hasta el final de mi vida. Las lágrimas rodaban, pero esta vez eran de paz. Al caer la noche, me senté junto a la ventana de mi nueva casa, observando las luces infinitas de Ciudad de México. La batalla había terminado, pero mi vida continuaba. Ya no eran días de control, sino la vida de una abuela libre, tranquila y más fuerte que nunca. Sabía que Alejandro sonreía en algún lugar y yo al fin, había vuelto a encontrarme conmigo misma.