La yuca, también conocida como mandioca o yuca, es uno de los alimentos más consumidos y valorados en muchas regiones del mundo, especialmente en África, América Latina y Asia. Su popularidad se debe a múltiples ventajas, como su alto contenido de almidón, que proporciona una fuente importante de energía; su bajo costo, lo que la hace accesible para millones de personas en situación de pobreza; y su impresionante capacidad para crecer en condiciones climáticas adversas y en suelos pobres, lo que la convierte en un recurso confiable y sostenible para la alimentación en comunidades rurales y urbanas.

Gracias a estas propiedades, la yuca se ha establecido como un elemento esencial en la dieta diaria de muchas culturas, siendo utilizada en una amplia variedad de recetas tradicionales, desde purés y sopas hasta frituras y dulces. Además, su versatilidad en la cocina y su durabilidad durante el almacenamiento la convierten en un alimento práctico y nutritivo, que puede mantenerse en buenas condiciones durante largos períodos y en diferentes condiciones ambientales. Sin embargo, a pesar de sus beneficios nutricionales y de su importancia en la seguridad alimentaria, existe un riesgo silencioso asociado con su consumo que muchas personas desconocen.