
En el memorial, mi padre se burló al ver la placa en mi pecho. «¿Tú? ¿Un soldado? Deja de fingir.» Tragué saliva y respondí: «Estoy aquí para enterrar a mi hermano.» Él soltó con desdén: «¿Un héroe? Era solo un hombre muerto e inútil.» La sala quedó en silencio cuando el oficial al mando dio un paso adelante y me rindió homenaje. «Bienvenido a casa, Ghost Walker.» Mi padre se quedó paralizado. Lo miré fijamente, con la voz firme como el acero. «Acabas de insultar a los muertos… y a quien aún está en pie.» Pero la verdadera sorpresa aún no había comenzado.