“Vamos a hacer esto juntos”, dijo Roberto, “como una familia.” Y así la muñeca que un día guardó un grito de socorro de una niña perdida, se convirtió en el símbolo de una nueva esperanza para cientos de familias. La grabación desesperada de Marina se había transformado en un mensaje de que por más oscura que sea la noche, siempre existe la posibilidad de un nuevo amanecer.
La familia Silva probó que el amor verdadero no tiene fecha de vencimiento y que a veces los objetos más simples pueden llevar las llaves de los milagros más grandes.