El Dr. Marco Acquisti, su abogado, lo asistió en todas las cuestiones legales. Se organizó el divorcio por medio de teleconferencia y el matrimonio decidió que la esposa se quedaría con la casa y una pensión de 300 euros que él le brindaría. Él, a cambio, recibiría su libertad.
Dicen que “el corazón quiere lo que el corazón quiere”. ¿Tenemos derecho a cambiar nuestra vida a esta edad? ¿Vale la pena intentar un nuevo amor en la vejez?