Preguntaron por lo que hacía por ellos.
Mi respuesta
Finalmente respondí:
“Estoy bien.
Por primera vez en muchos años.
No soy su sirvienta.
Soy su madre.
Y ahora…
voy a empezar a vivir mi vida.”
Epílogo
Hoy tengo 69 años.
Trabajo en una pequeña cafetería.
Conozco gente.
Río.
Descanso.
Y aprendí algo que debí entender hace mucho:
El amor no es sacrificio eterno.
También es respeto.