Llegué a una pequeña ciudad costera.
Alquilé una habitación.
Pequeña.
Sencilla.
Pero mía.
La nueva vida
Por primera vez en años…
me desperté sin alarmas.
Sin gritos.
Sin órdenes.
Tomé café caliente.
Mirando el mar.
Y lloré.
No de tristeza.
De alivio.
El pasado vuelve
Dos días después…
mi teléfono no dejaba de sonar.
Mi hijo.
Mi nuera.
No respondí.
Hasta que llegó un mensaje:
—¿Dónde estás? Los niños te extrañan. La casa es un desastre.
Sonreí.
No preguntaron por mí.