Y ahí con el sol ya oculto, con las luces apagadas y el corazón encendido, Isabela cerró el día como cerró toda su historia. de pie. Porque esa muchacha, que fue obligada a casarse con un mendigo para humillarla, no solo sobrevivió, se convirtió en la mujer que jamás imaginaron que llegaría a ser. Reflexión final.
El poder más grande no lo tiene quien domina, lo tiene quien resiste sin odio, quien transforma su dolor en siembra y su pasado en raíz. A veces la vida no te da lo que mereces, pero siempre te da la tierra para plantar lo que sueñas.