Para que esto no llegue, es decir, para que la sangre no llegue al río, es imperioso empezar a tomar ciertas decisiones de peso que redundarán en un beneficio para nuestra salud y nuestra calidad de vida.
¿Sabes cómo hacerlo? Te daremos 10 consejos útiles que puedes poner en práctica desde hoy mismo.
Reducir las grasas.
El aporte global de grasas para una persona, no debería superar el 30 o 35% de las calorías totales. Pensemos que lo más habitual es consumir entre 40 y 42%.
Estas grasas saturadas contribuyen a incrementar el colesterol malo (colesterol LDL).
Lo encontramos en:
- Las grasas de origen animal (carnes, huevos, quesos, leche entera).
- La manteca.
- Productos de bollería y pastelería.
- Productos industrializados como galletitas dulces, comidas precocidas, fiambres.

Priorizar ácidos grasos insaturados.
Estos ácidos insaturados (polinsaturados y monoinsaturados), permiten una disminución del colesterol total y del colesterol LDL (es el caso de los ácidos grasos polinsaturados particularmente), al mismo tiempo que preservan el “buen” colesterol HDL (ácidos grasos monoinsaturados).
Los encontramos en:
- Los aceites vegetales (aceite de girasol, de maíz, de colza; ricos en polinsaturados. Los aceites de oliva y de maní (cacahuate) contienen monoinsaturados.
- Margarinas hechas a base de aceite.
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