A los 71 crucé la piscina y encontré a quienes sí me veían La mañana que Rosa no apareció a las siete, el agua volvió a parecerme más honda que nunca.

Ahora ya sé una cosa.

A veces la vida no te manda un rescate espectacular.

A veces te manda una piscina de barrio, a las siete de la mañana, con gente que no te pregunta demasiado y aun así te ve entera.

Y a cierta edad, que te vean entera… puede ser una forma de volver a empezar.