Mi hijo me golpeó 30 veces frente a su esposa — así que vendí su casa mientras él trabajaba.

El salón quedó en silencio.

—¿Y sabes a nombre de quién está?

Javier se rió.

—Papá, por favor.

Sofía intervino.

—Está a nombre de Javier. Fue un regalo.

Metí la mano en el bolsillo del abrigo.

Saqué un sobre.

Lo coloqué sobre la mesa de mármol.

—No.

Javier frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

—La escritura.

La abrió.

Sus ojos recorrieron el documento.

Primero confundidos.

Luego tensos.

—¿Qué es Inversiones El Mastín?

Lo miré.

—Mi empresa.

El silencio ahora era total.

—La casa nunca estuvo a tu nombre.

Sofía dio un paso adelante.

—Eso no puede ser.

—Sí puede.

Javier levantó la voz.

—Papá, ¿qué significa esto?

—Significa que nunca fue tu casa.

El color empezó a desaparecer de su rostro.

—¿Entonces qué era?

—Una prueba.

—¿Una prueba?

—Para ver qué hacías cuando pensabas que todo era tuyo.

Sofía tomó el documento con manos temblorosas.

—Esto es ridículo.

—Tal vez.

Javier dejó el vaso de whisky sobre la mesa.

—Papá… esto no es gracioso.

—No pretendía serlo.

Lo miré a los ojos.

—Vendí la casa esta mañana.

Nadie habló.

—¿Qué?

—La vendí.

El rostro de Javier se volvió rojo.

—No puedes hacer eso.

—Ya lo hice.

—¡Vivimos aquí!

—Hasta dentro de diez días.

Sofía dejó escapar un pequeño grito.