Niño desaparecido en Santander 2010 — 14 años después surfista encuentra botella en playa

Javier sintió el primer destello de preocupación real. Llamó a los otros tres monitores. Cada uno busca en una dirección diferente. Sara, tú hacia el este de la playa. Lufía, hacia el oeste. Diego, revisa los baños y la fona de ducha. Yo voy al paseo marítimo. Nos encontramos aquí en 10 minutos. A los otros 29 niños les dijeron que se quedaran sentados exactamente donde estaban y que no se movieran.

Los monitores se dispersaron. Sara corría por la playa hacia el este, gritando el nombre de Alex. Lufía hacia el oeste. Dievo revisó los baños públicos. Preguntó al personal de limpieza si habían visto a un niño solo. Nadie había visto nada. Javier caminó por el paseo marítimo mirando en cafeterías. heladerías, tiendas de souvenirs.

Preguntaba a todo el mundo. Han visto a un niño de 10 años, pelo castaño, camiseta full, negativas por todas partes. A las 4, los cuatro monitores se reunieron de nuevo. No habían encontrado nada. Javier tomó la decisión, sacó su teléfono móvil y llamó al 112. Tenemos un niño desaparecido en la playa del Sardinero. Tiene 10 años.

Lleva desaparecido aproximadamente 20 minutos. El operador le hizo preguntas. Javier respondió con la mayor precisión posible. Nombre completo del niño: Alex Ruis Ortega. Edad, 10 años. Descripción: Pelo Castaño, ojos marrones, camiseta azul, bañador negro, chanclas rojas. Última vez visto hace 20 a 25 minutos construyendo un castillo de arena.

Mientras esperaban a la policía, Javier llamó al número de emergencia en la ficha de Alex, el teléfono de Roberto. Roberto estaba en su barco a unos 8 km de la costa recogiendo redes. Cuando su móvil sonó y vio un número desconocido, casi no contestó. Los pescadores raramente responden llamadas cuando están trabajando, pero algo lo hizo contestar.

Sí, señr Roberto Ruiz. Sí, soy yo. ¿Quién habla? Soy Javier Mendoza, coordinador del campamento de verano. Señor Ruiz, no quiero alarmarlo, pero su hijo Alex no aparece. Llevamos 20 minutos buscándolo. Ya hemos llamado a la policía. El mundo de Roberto se detuvo. ¿Cómo que no aparece? Estaba con su grupo construyendo un castillo de arena.

A la hora de merendar no estaba. Hemos buscado por toda la playa. No lo encontramos. Roberto sintió que su corazón se afeleraba. Voy para allá ahora mismo. Colgó. Gritó a su compañero de barco, Midel, que llevaba trabajando con él 5co años. Miguel, recoge las redes. Volvemos al puerto. Ya Alex ha desaparecido. No esperó explicaciones.

Encendió el motor al máximo. El aurora rugió. Normalmente tardaban 40 minutos en volver al puerto desde esa distancia. Roberto lo hizo en 25, empujando el motor más allá de sus límites seguros. Mientras Roberto navegaba de vuelta, en la playa empezaron a llegar las autoridades. Dos coches de la policía local de Santander llegaron a las 4:10.

Cuatro agentes uniformados tomaron declaración a Javier y a los otros monitores. Revisaron la mochila de Alex. Empezaron a preguntar a los bañistas de la fona, “¿Han visto a un niño solo? ¿Alguien vio algo sospechoso? La mayoría de la gente ni siquiera había notado que faltaba un niño. Las playas en julio están tan llenas que un niño más o menos es invisible.

A las 4:30 llegó una unidad de la Guardia Civil, dos agentes con perros rastreadores. Los perros olfatearon la mochila de Alex, su camiseta que estaba dentro. Empezaron a rastrear. Si viieron un olor desde el lugar donde estaba el barco de arena hacia las rocas al este de la playa, los perros olfateaban intensamente, tiraban de las correas, llegaron hasta el pequeño muelle deportivo donde estaban atracados botes de recreo y pequeñas embarcaciones de pesca.

Allí los perros perdieron el rastro, ladraban, corrían en círculos, pero no podían continuar. El rastro se había terminado en el muelle. Roberto llegó al puerto de Santander a las 4:35. No ató el barco correctamente, simplemente lo dejó y corrió. Corrió por el muelle, por las calles del centro, hasta la playa del sardinero. Cuando llevó jadeando, subando, con el corazón latiéndole tan fuerte que pensó que estallaría, vio los coches de policía, vio los agentes, vio los monitores del campamento hablando con policías.

vio a 29 niños sentados en grupo, supervisados por voluntarios que habían llegado para ayudar. No vio a Alex, se acercó a Javier. ¿Dónde está mi hijo? Javier, pálido, explicó todo de nuevo. Roberto escuchaba, pero no profes, la información. Su mente no aceptaba que Alex simplemente hubiera desaparecido. Los agentes le hicieron preguntas.

Su hijo sabe nadar. Sí, le enseñé yo mismo, pero no es muy buen nadador todavía. Tenía alguna razón para irse solo. Ninguna. Alex no haría eso. Es un niño responsable. Problemas familiares. Conflictos. No, ninguno. Tenemos una familia normal. Alex estaba emocionado por el campamento. A las 5 llegó Carmen.

Javier también la había llamado. Carmen trabajaba en una oficina en el centro de Santander. Cuando recibió la llamada, dejó todo y corrió. Cuando llegó a la playa y vio a Roberto con los policías, supo que la pesadilla era real. Lo encontraron. Roberto negó con la cabeza, incapaz de hablar. Carmen se derrumbó. Roberto la sostuvo.

Dos padres destrofados abrafados en una playa llena de gente, mientras el sol seguía brillando y las familias se veían disfrutando de su día de verano, apenas a la tragedia que se desarrollaba a metros de ellos. El inspector Ramón Torres de la Policía Nacional llevó a las 5:30 para hacerse cargo de la investigación. Torres tenía 52 años y 28 años de experiencia en la policía.

Había trabajado en docenas de casos de menores desaparecidos. Sabía que cada minuto contaba. Lo primero que hizo fue establecer un perímetro de búsqueda. Dividió el área en sectores playa este, playa oeste, paseo marítimo, zona rocosa, muelle. asignó equipos a cada sector, movilizó a más de 50 agentes. También ordenó que se revisaran todas las cámaras de seguridad de la Fona.

En 2010 las cámaras no eran tan ubicuas como serían años después, pero había algunas en el paseo marítimo, en algunos hoteles, en el ayuntamiento cercano. Los técnicos empezaron a revisar horas de grabación, buscando cualquier imagen de un niño solo, de alguien hablando con un niño, de cualquier cosa sospechosa. Los bufos del grupo especial de actividades subacuáticas llegaron a las 6.

Roberto los vio prepararse y sintió náuseas. Bufo significaba que pensaban que Alex podría estar en el agua. “Mi hijo sabe nadar”, repetía, “no se habría ahogado.” Pero los bufos entraron al agua de todos modos. Buscaron en un radio de 500 maya. El agua del Cantábrico en julio no era muy fría, unos 19ºC, pero la visibilidad bajo el agua era limitada.

Los bufos usaban linternas potentes, peinaban el fondo marino sistemáticamente, no encontraron nada. Esa noche la desaparición de Alex Ruiz fue noticia en todos los medios locales. Niño de 10 años desaparece en playa de Santander durante campamento de verano. Las televisiones locales emitieron la foto de Alex, la misma que Carmen había puesto en su mochila.

Un niño sonriente con una camiseta del Real Raffin Club de Santander, el equipo de fútbol local. El teléfono de emergencia que la policía había establecido empezó a recibir llamadas. La mayoría eran de personas que querían ayudar. Algunos ofrecían unirse a las búsquedas. Otros debían haber visto a un niña que se parecía a Alex en diferentes lugares de la ciudad.

Cada pista tenía que ser investigada. Roberto y Carmen no durmieron. Esa noche se quedaron en la comisaría de policía esperando noticias, respondiendo preguntas una y otra vez. Alex mencionó algún lugar que quisiera visitar. Tenía amigos en Santander fuera de su círculo habitual. Notaron algún comportamiento extraño en los días previos al campamento.