Vea la reacción de Hitler y Göring cuando Heinrici dijo: EL FIN HA LLEGADO.

Vea la reacción de Hitler y Göring cuando Heinrici dijo: EL FIN HA LLEGADO.

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En abril de 1945, Berlín ya no era una capital, sino una herida abierta. Las fachadas estaban desgarradas por la artillería, las avenidas convertidas en corredores de escombros y humo, y el cielo, casi siempre gris, parecía aplastado por el estruendo constante de los cañones soviéticos. Bajo esa ciudad que se desmoronaba, a varios metros de profundidad, se desarrollaba otra escena: reuniones, mapas extendidos sobre mesas estrechas, voces tensas que evitaban decir en voz alta lo que todos sabían.

En ese escenario subterráneo, el 22 de abril de 1945, se produjo uno de los momentos más decisivos del final del Tercer Reich. Fue el día en que, en el búnker de Adolf Hitler, la ilusión se quebró públicamente. Y, aunque la guerra llevaba meses perdida en términos estratégicos, fue allí, entre paredes de hormigón y luces artificiales, donde el derrumbe se hizo irreversible.

El general que no encajaba

Para comprender lo que ocurrió en esos días finales, hay que detenerse primero en la figura de Gotthard Heinrici. Nacido en 1886, hijo de un pastor luterano, había ingresado al ejército en tiempos del Imperio alemán. Combatió en la Primera Guerra Mundial y forjó una reputación de oficial meticuloso, disciplinado y, sobre todo, pragmático.