VENDIÓ SU CASA POR UN PERRO… Y CUANDO TODOS CREÍAN QUE HABÍA ENLOQUECIDO, LA VERDAD HIZO LLORAR HASTA A QUIENES SE BURLABAN DE ÉL.

La mañana en que Jaxon Feeley clavó el cartel de SE VENDE frente a su casa, sus manos temblaban tanto que casi dejó caer el martillo.

No era una casa lujosa.
No tenía jardines perfectos ni habitaciones enormes.

Pero era lo único que había construido con años de trabajo, turnos dobles y noches enteras ahorrando moneda por moneda.

Y estaba dispuesto a perderla.

Todo por Rambo.

Su perro.
Su familia.

Todo había empezado once días antes, cuando Rambo dejó de correr hacia la puerta al escucharlo llegar.

Jaxon lo encontró tirado en un rincón de la cocina, respirando raro, con la mirada apagada y el cuerpo tan débil que ni siquiera movió la cola.

Al principio pensó que era algo pasajero.

Una infección.
Un malestar.

Algo que se curaría con medicinas y descanso.

Pero esa misma noche, Rambo comenzó a vomitar.