Porque ninguno de ellos había estado con él cuando su mundo se vino abajo.
Ninguno había visto a Rambo acostarse junto a su cama cuando creyó que no iba a soportar otra noche de tristeza.
Ninguno sabía que, después de perder a su madre y quedarse completamente solo, ese perro había sido lo único que le había devuelto las ganas de seguir vivo.
Por eso, esa mañana, puso la casa en venta.
Y unas horas después, con la desesperación clavada en el pecho, abrió también una campaña en internet.
Subió una foto de Rambo.
Luego escribió una sola frase:
“ME QUEDA MUY POCO TIEMPO PARA SALVARLO.”
Al principio nadie respondió.
Pero minutos después, el teléfono empezó a vibrar.
Un mensaje.
Luego otro.
Después diez.
Luego cien.
Y cuando Jaxon volvió corriendo al hospital porque lo habían llamado de urgencia, vio a tres veterinarios rodeando la camilla de Rambo…
…mientras una de las máquinas comenzaba a lanzar un sonido agudo y desesperante.

parte 2
Jaxon sintió que el corazón se le detenía cuando escuchó aquel pitido agudo romper el aire del hospital.
Corrió hasta la camilla de Rambo con las piernas temblando.
—¿Qué pasa? —gritó, sin reconocer su propia voz.
Una veterinaria lo detuvo antes de que pudiera acercarse más.
—Su oxígeno cayó de golpe. Está haciendo un esfuerzo enorme por respirar.
Jaxon miró a Rambo y sintió que algo dentro de él se desgarraba.
Su perro estaba inmóvil.
Demasiado quieto.
Con los ojos entreabiertos, el hocico reseco y el pecho subiendo y bajando con una dificultad que partía el alma.
